



«La abuela se ha acabado. Le da igual que rompamos todos los geranios de la terraza a balonazos, que nos sentemos en los sofás y tiremos los tapetes de ganchillo [...]. Cuando estamos allí de visita nos persigue a mí y mi madre "¡vámonos!" , dice. La abuela se ha acabado pero su tiempo sigue vivo». En la correspondencia, todavía inédita, entre el escritor Juan Benet y el psiquiatra Carlos Castilla del Pino, el autor de Volverás a Región, cuestionando la validez del relato freudiano como instrumento para desvelar la geología de las estructuras narrativas, hace ver a su interlocutor que, más allá de la figura paterna, es la ausencia o presencia ancestral de los abuelos la que determina en buena parte el destino realista o fantástico de toda narración, pues, en definitiva, de su patrimonio y herencia depende, en última instancia, la constitución del imaginario familiar. Quizá por eso una sociedad que condena a sus mayores al frío solitario acabamiento carece de imaginación colectiva y está obligada a producir y consumir una literatura con la que entretener la mala conciencia. Y quizá por eso esta novela no renuncia a moverse entre las sombras que unen y separan lo dicho y lo callado. Porque la realidad podría ser la luz, se dice en esta extraña, opaca y un tanto turbia narración que parece tener su origen en el reclamo silencioso de una abuela que no se resigna -«¡Vámonos!»- ni al olvido ni al abandono. Y porque la luz crea silencios e historias que subrayan la oscuridad de los afectos que nos hacen y nos alivian, nos hieren y nos deshacen. Pero no nos pongamos catedralicios, que esta novela al fin y al cabo es también la historia de siempre sobre cómo los hijos (e hijas) deben saldar cuentas y romper raíces si quieren crecer y multiplicarse para luego acaso tener hijos (e hijas) que algún día los matarán o abandonarán en el bosque, y así será por los siglos de los siglos hasta que la reproducción in vitro y en serie convierta en inútil la familia, los cuentos de hadas y tantas otras zarandajas. Una novela sobre ese inevitable hijo prodigio que todos llevamos dentro.
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Detalles:«La abuela se ha acabado. Le da igual que rompamos todos los geranios de la terraza a balonazos, que nos sentemos en los sofás y tiremos los tapetes de ganchillo [...]. Cuando estamos allí de visita nos persigue a mí y mi madre "¡vámonos!" , dice. La abuela se ha acabado pero su tiempo sigue vivo». En la correspondencia, todavía inédita, entre el escritor Juan Benet y el psiquiatra Carlos Castilla del Pino, el autor de Volverás a Región, cuestionando la validez del relato freudiano como instrumento para desvelar la geología de las estructuras narrativas, hace ver a su interlocutor que, más allá de la figura paterna, es la ausencia o presencia ancestral de los abuelos la que determina en buena parte el destino realista o fantástico de toda narración, pues, en definitiva, de su patrimonio y herencia depende, en última instancia, la constitución del imaginario familiar. Quizá por eso una sociedad que condena a sus mayores al frío solitario acabamiento carece de imaginación colectiva y está obligada a producir y consumir una literatura con la que entretener la mala conciencia. Y quizá por eso esta novela no renuncia a moverse entre las sombras que unen y separan lo dicho y lo callado. Porque la realidad podría ser la luz, se dice en esta extraña, opaca y un tanto turbia narración que parece tener su origen en el reclamo silencioso de una abuela que no se resigna -«¡Vámonos!»- ni al olvido ni al abandono. Y porque la luz crea silencios e historias que subrayan la oscuridad de los afectos que nos hacen y nos alivian, nos hieren y nos deshacen. Pero no nos pongamos catedralicios, que esta novela al fin y al cabo es también la historia de siempre sobre cómo los hijos (e hijas) deben saldar cuentas y romper raíces si quieren crecer y multiplicarse para luego acaso tener hijos (e hijas) que algún día los matarán o abandonarán en el bosque, y así será por los siglos de los siglos hasta que la reproducción in vitro y en serie convierta en inútil la familia, los cuentos de hadas y tantas otras zarandajas. Una novela sobre ese inevitable hijo prodigio que todos llevamos dentro.
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«La abuela se ha acabado. Le da igual que rompamos todos los geranios de la terraza a balonazos, que nos sentemos en los sofás y tiremos los tapetes de ganchillo [...]. Cuando estamos allí de visita nos persigue a mí y mi madre "¡vámonos!" , dice. La abuela se ha acabado pero su tiempo sigue vivo». En la correspondencia, todavía inédita, entre el escritor Juan Benet y el psiquiatra Carlos Castilla del Pino, el autor de Volverás a Región, cuestionando la validez del relato freudiano como instrumento para desvelar la geología de las estructuras narrativas, hace ver a su interlocutor que, más allá de la figura paterna, es la ausencia o presencia ancestral de los abuelos la que determina en buena parte el destino realista o fantástico de toda narración, pues, en definitiva, de su patrimonio y herencia depende, en última instancia, la constitución del imaginario familiar. Quizá por eso una sociedad que condena a sus mayores al frío solitario acabamiento carece de imaginación colectiva y está obligada a producir y consumir una literatura con la que entretener la mala conciencia. Y quizá por eso esta novela no renuncia a moverse entre las sombras que unen y separan lo dicho y lo callado. Porque la realidad podría ser la luz, se dice en esta extraña, opaca y un tanto turbia narración que parece tener su origen en el reclamo silencioso de una abuela que no se resigna -«¡Vámonos!»- ni al olvido ni al abandono. Y porque la luz crea silencios e historias que subrayan la oscuridad de los afectos que nos hacen y nos alivian, nos hieren y nos deshacen. Pero no nos pongamos catedralicios, que esta novela al fin y al cabo es también la historia de siempre sobre cómo los hijos (e hijas) deben saldar cuentas y romper raíces si quieren crecer y multiplicarse para luego acaso tener hijos (e hijas) que algún día los matarán o abandonarán en el bosque, y así será por los siglos de los siglos hasta que la reproducción in vitro y en serie convierta en inútil la familia, los cuentos de hadas y tantas otras zarandajas. Una novela sobre ese inevitable hijo prodigio que todos llevamos dentro.
General | |
|---|---|
Marca | Penguin Random House Grupo Editorial |
Material | pino |
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